Sandra Blázquez, sobre su ONG en Kenia: «La creé porque me enamoré de un niño, era imposible hacerlo reír y nunca había visto un niño tan triste»

Sandra Blázquez es una actriz y activista madrileña. La hemos conocido en un montón de papeles, como el de Alma en ‘Físcia y química’. Ahora también ha fundado su propia ONG, llamada ‘Idea Libre’.

Pregunta: ¿Cómo te llegó esa oportunidad de presentar el Club Megatrix?

Respuesta: Yo no lo buscaba. Estaba en un cumpleaños de un amigo, había un karaoke y me subí a cantar una canción de Sergio Dalma. El padre de unos niños, que estaba en el cumpleaños, Paco San José me vio y le dijo a mi madre «soy representante y he visto que tu niña es muy graciosa, déjame que la lleve para que trabaje en televisión». Mi madre dijo que para nada; ella no entendía nada de eso porqué no teníamos relación alguna con el mundo del espectáculo y a ella, eso, le dio miedo. Entonces fue cuando me acerque y le pedí, por favor, que me dejara intentarlo. Al ver toda mi reacción, el propio Paco, le dijo que iba a intentar llevarme a un par de castings y, para convencerla finalmente, le dijo esto: «si ves que no te gusta el ambiente no la vuelves a llevar y ya está». Empecé a hacer casting y mi madre vio que no pasaba nada y que estaba feliz. A partir ahí seguí haciendo pruebas y pasaron entorno a 10 meses hasta que me salió lo del ‘Megatrix’ y así empecé.

P.: Estuviste en ‘Ana y los 7’ también…

R.: Hice unos capítulos y fue un paso rápido. Fue muy divertido y me acuerdo mucho de aquel rodaje.

P.: Compaginaste la serie ‘Al salir de clase’ con ‘Megatrix’…

R.: Sí, durante un par de meses. Recuerdo que, cuando me salió ‘Al salir de clase’, me obligaban a dejar el Megatrix. Al final Paco llegó a un acuerdo con ellos y me dejaron compaginarlo y un día me iba al ‘Megatrix’, otro día a la serie y otro al colegio.

P.: ¿Cómo llevaste eso de trabajar tanto y compaginarlo con el colegio?

R.: Me han hecho un montón de entrevistas y no recuerdo que me hayan preguntado esto y me parece una buena pregunta. Pienso mucho en ellos cuando veo a niños trabajando en televisión. Mi padre me puso una profesora particular por las tardes y entonces iba a grabar por la mañana y a la tarde tenía clase con esa profesora. Tengo que reconocer que fue bastante duro, a pesar de que me lo pasé muy bien; es lo que quería y estoy agradecida a que mis padres me apoyaran siempre en todo. Ahora como adulta lo pienso y digo «fue muy heavy todo eso». Había días que me levantaba a las 5 de la mañana, me iba a Antena 3 y salía como a las 5 o 6 de la tarde, volvía a casa y me ponía con los deberes, estudiaba los guiones…El ‘Megatrix’ una cosa que tenía es que nos tocaba, muchas veces, hacer reportajes fuera de Madrid. Nos teníamos que ir a muchas partes de España e igual te cogías un vuelo a las 7 de la mañana, pasabas todo el día ahí y a las 11 de la noche te cogías el vuelo de vuelta. Llegabas a casa a las 12 de la noche, te hacías la mochila para el día siguiente y luego al colegio. Era como muy estresante, pero cuando las cosas te gustan, buscas la forma y lo haces.

P.: ¿Qué te decían tus compañeros en clase?

R.: Eso fue peor, ellos lo llevaron bastante mal. Yo estaba en quinto de primaria, me quedé sin amigos y solo mantuve una amiga, que a día de hoy, sigue siendo mi mejor amiga. Me decían que me tenía que ir a un colegio de famosos, que ahí no tenía que estar. Entonces se empezaron a meter conmigo, me insultaban, me rompieron la mochila… al final pasaba los recreos sola, en las escaleras del patio comiéndome un bocadillo de tortilla; nadie quería estar conmigo.

P.: Después de muchos trabajos en diferentes series, llegó ‘Cambio de clase’, serie de Disney Channel…

R.: Eso fue muy divertido, una época muy bonita. Grabábamos en verano y estuvimos tres grabando; fue en los sitios donde más agusto he estado. El equipo, los actores… todo era maravilloso y nos lo pasábamos genial.

P.: Tras esto, vino ‘Física o química’, donde interpretabas a la malvada Alma, donde se trataban ciertos temas, que ahora pueden ser habituales, antes no lo eran….

R.: Fue muy fuerte. Creo que en los institutos pasan ese tipo de cosas, pero no todas al mismo tiempo ni a las mismas personas. Yo recuerdo que a mi me tocaban tramas de besarme con todos los actores.

P.: El personaje de Alma ¿Era difícil de defender?

R.: Sí. Cuando leía los guiones alucinaba y pedía que le diesen un poco de bondad a Alma porque la iba a odiar todo el mundo.

P.: Lo del ‘poliamor’ era muy raro verlo…

R.: Sí,  porque no estábamos tan abiertos a ver eso en televisión. Creo que pasaba pero no se veía tan abiertamente como se ve ahora.

P.: ¿Seguís teniendo un chat todos los actores?

R.: Tenemos un grupo, pero en los últimos dos años, no se ha utilizado. Quizá, si alguien ha estrenado una obra de teatro o algo, lo ha mandado por ahí pero no tiene mucha actividad. Me llevé bien con todos y, a día de hoy, tengo trato estrecho con algunos. Muchas veces, los amigos del momento son esos, y luego cada uno tiene su vida y su forma de pensar. Entonces te vas alejando, pero eso no significa, que si me encuentro con alguno delante no le vaya a dar un abrazo grande.

P.: De esa serie, salieron muchos actores como Úrsula Corberó, Maxi Iglesias, Javier Calvo, Angy y Andrea Duro…

R.: Me alegro mucho por ellos y ya, desde ahí, se les veía que iban a despuntar. Tienen esa energía y capacidad.

P.: Después vinieron series como ‘Vive cantando’, ‘Acacias 38′, »Tierra de Lobos’ y ‘Servir y proteger’…

R.: El otro día una chica colgó un vídeo de un capítulo donde tuvimos que cantar ‘Resistiré’ y me trajo unos recuerdos increíbles. Me pareció una serie muy entrañable y me dio pena que se acabase tan rápido; me parecía una serie muy familiar y positiva.

P.: ¿Cómo llevabas los ‘madrugones’?

R.: Madrugar me encanta y eso no era problema para mi. A la hora de interpretar, en las series diarias, se nota mucho que no tienes tanto tiempo como en una semanal. De repente tienes que estudiarte, de un día para otro, como 8 o 9 secuencias y se tarda unos 45 minutos en rodar cada una de ellas.

P.: Aparte de tu formación como actriz, decidiste fundar la ONG Idea Libre ¿Por qué?

R.: La idea vino de un viaje que hicimos mi amiga y yo a Marruecos. Estuvimos viviendo con una familia y una tarde, el chico de la casa, nos propuso ir a un orfanato a visitar a unos niños. Recuerdo entrar en ese orfanato y al fondo a la izquierda, había una cuna con un niño que se llamaba Ryan con tres años y que apenas sabía andar porque no le sacaban de la cuna. Me acerqué a él e intenté hacerle reír aunque fue imposible. Le cogí en brazos, me puse a cantarle canciones… y lo dejé en la cuna otra vez. Al día siguiente cuando me desperté, le dije a mi amiga, que quería ver a ese niño otra vez. Empezamos a ir cada día al orfanato hasta que nos enamoramos de él y él de nosotras. Era imposible hacerle reír y nunca había visto a un niño tan triste. Cuando volvimos a España empezamos a pensar que les habíamos abandonado, que teníamos que hacer algo… lo primero que pensamos fue en donar. Entonces nos empezaron a surgir dudas de si el dinero llegaba o no. Visto eso, decidimos montar nosotras una ONG y de llevar el dinero. Así fue como creamos Idea Libre.

P.: ¿En qué se basa Idea Libre?

R.: Nos basamos sobretodo en la educación. Pensamos que todo se basa en eso y lo que estamos haciendo, a día de hoy, es crear una escuela en Kenia. Tenemos 175 niños que comían cada dos días, duermen en el suelo, no tienen luz… cuando les conocimos no tenían ni esperanza. Compramos dos pizarras, contratamos dos profesoras y nos fuimos debajo de los árboles con ellos porque no teníamos ningún sitio. Ahí no teníamos dinero ni para construir, ni para nada. Como eso funcionaba y teníamos la ONG, empezamos a pedir dinero, a hacer eventos, donaciones, socios… empezamos a construir y ahora mismo tenemos 8 clases, una cocina, unos baños, sala de profesores, un gallinero, un instalación de luz, un pozo…

P.: ¿Por qué Kenia?

R.: Me llegó un mensaje de un hombre al móvil en inglés y pensé que era publicidad y lo ignoré. Me volvió a llegar otro mensaje y entonces lo traduje con el Google. El mensaje, decía lo siguiente: «Soy etiópe y estoy destinado en Kenia y necesito que vengáis». En cuanto leí el mensaje, llamé a María por teléfono mientras estaba trabajando, y le dije que nos íbamos a ir a Kenia. Al principio reaccionó diciendo «¿Y si es mentira? ¿Y si nos pasa algo?» yo le dije que había que ir. A las dos semanas de ese mensaje, nos fuimos para allá, sin saber si esa persona existía y  sin tener ni idea de inglés. Nos llevamos un diccionario porque no contábamos que íbamos a tener datos de Internet ni nada. Esa persona si existía y estaba esperándonos. Nos enseñó todo lo que él hacía, como tenían ese colegio con 300 niños… un día, por la tarde, nos dijo de ir a un poblado. Cuando bajamos del coche, empezaron a venir niños y me empezaron a coger de la mano. Nos fuimos a su casa con ellos, vimos como vivían y yo le pregunte a Mathew «¿Estos niños a qué colegio van?». Se empezó a reír como si le hubiese hecho una pregunta absurda. Me dijo que los niños no iban a ningún colegio. Entonces fue ahí cuando empezamos a ayudarles con la educación.

P.: ¿Cada cuanto vais a Kenia?

R.: Cada tres meses, estamos un mes entero ahí. Tenemos que asegurarnos que todo se está empleando como queremos. Tenemos dos ONG: una en España que se llama Idea Libre y otra ahí que se llama Free Idea que la tuvimos que abrir. Tenemos una cuenta corriente en Kenia y vamos mandando el dinero. Mary, una de las profesoras que tenemos ahí, se encarga de todo: ir a hacer la compra, pagar el sueldo a los profesores, comprar leña, material escolar… Cuando vamos allí, me dan los recibos de todos los meses en los que no hemos estado, los miro y vamos nosotras a la compra para ver si los precios son como ella está contando… somos muy escrupulosas con el tema del dinero. Queremos que se emplee bien y hacemos muchas reuniones con los profesores, con los niños… para ver que se está avanzando. Vemos los exámenes, los cuadernos… supervisamos todo.

P.: ¿Qué te parece que se hagan películas como ‘Adú’?

R.: Esta película me encantó y el niño me enamoró. Me parece que es una película que todo el mundo tiene que ver y que no todo el mundo se atreve a ver. Yo fui con mi hermana a verla al cine y al salir me dijo «si lo se, no vengo. He llorado mucho». Entonces le dije que tenía que venir. No verlo no significa que no exista y hay que enfrentarse a ello poniéndole solución; esto nos pertenece a todos. Es muy necesario que se vean este tipo de películas.

P.: ¿Mediante tu ONG, se pueden apadrinar niños?

R.: No tenemos un apadrinamiento porque pensamos que dejaría algunos niños fuera. Nos financiamos mediante cuotas de socios, desde 9 euros al mes, y disponemos de casi 6000 euros al mes. Con ese dinero pagamos los sueldos de los profesores, compramos toda la comida… en comida gastamos 1800 euros al mes, más material escolar y necesidades de los niños. Lo que nos da la estabilidad y lo que nos deja dormir por las noches, son las cuotas de los socios. Según vamos creciendo en socios y vamos teniendo dinero, mejoremos la calidad del colegio y escolarizando a más niños. También pueden hacer donaciones puntuales.

P.: ¿Cómo se puede colaborar?

R.: Haciéndose socio o haciendo una donación a este número de cuenta ES02 0081 0182 67 0001396743.

P.: Estamos mal con el Coronavirus que se muere mucha gente. Si en España, con una sanidad excelente estamos así, no queremos ni imaginar como estará allá…

R.: No me lo quiero ni imaginar. Ahora en Kenia hay pocos casos que se conozcan, pero creemos que hay muchos más de los que dicen; ahí no se contabiliza igual. Vamos mucho a los hospitales y vemos las camillas compartidas. Un día fuimos a ver a una de nuestras profesoras que dio a luz y el hospital tenía 8 camas con los bebés en la misma cama que las madres; no hay cunas. Era una sala con 8 camas con las mamás, unas ventanas rotas con unas cortinas y un lavabo con agua estancada marrón. Era como si acabaran de terminar una guerra: todo sucio, con cucarachas… ahora estoy cruzando los dedos para que allí no pase lo que está pasando aquí.

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